martes, 8 de febrero de 2011

¿Qué le depara el futuro al corcho de las botellas?

Cada día es más común, al abrir una botella de vino, encontrarnos con que en vez de un tapón de corcho, tiene uno sintético o incluso una tapa-rosca. Es probable que para muchos, el que la botella esté cerrada con uno u otro material no tenga ninguna relevancia, pero es un tema que ha tenido debatiendo tanto a aficionados como a expertos durante años, debido a las repercusiones ambientales, económicas y sociales que implica el uso de uno u otro.

El corcho es un material que se obtiene del alcornoque (Quercus suber L.), árbol de la familia del roble, endémico de la zona del Mediterráneo (Portugal, España, Italia, Marruecos). Este árbol llega a vivir alrededor de 200 años, haciendo de los alcornocales uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad de Europa.

Contrario a lo que muchos todavía creen, no se tiene que talar el árbol para obtener el corcho, pues sólo se desprende la corteza. A los 25 años se “cosecha” el corcho por primera vez y el proceso puede hacerse – en promedio – cada 9 años, aunque sólo a partir de la 3ª extracción, es cuando el material ya posee las características ideales que lo caracterizan.


Debido a su ligereza, resistencia, elasticidad e impermeabilidad, se empezó a usar como tapón para botellas de vino a fines siglo XVII (Dom Perignon descubrió que era un buen material para cerrar sus botellas de champagne), aunque se han encontrado ánforas de la civilización griega pertenecientes al siglo V tapadas con este material.


A pesar de que el corcho tiene muchos usos (pisos – en La Sagrada Familia en Barcelona acaba de instalarse –, aislantes para construcción, equipo deportivo, ropa, calzado, diseño, etc.), el principal de ellos es en tapones para botellas de vino, es por esto que al incrementarse la fabricación y uso de otro tipo de tapones se puede poner en riesgo su industria, así como a la conservación de los bosques de alcornoque.


El desarrollo de formas distintas para cerrar las botellas comenzó a raíz de la creencia de que es el corcho el principal responsable de que alrededor del 1 al 6 % de la producción de vino del mundo se vea afectada por el desagradable “sabor a corcho” (sensación producida por compuestos volátiles como el TCA – 2,4,6-tricloroanisol – ).


Más de 100,000 personas trabajan en una u otra rama de esta industria, es por eso que tanto productores como empresas transformadoras de este material y asociaciones ambientalistas, han implementado estrategias ante la pérdida del mercado que durante muchos años fue prácticamente suyo:

Se han llevado a cabo estudios que logran demostrar que el corcho no es el único responsable del vino defectuoso por TCA. Así mismo, se ha trabajado en mejorar la calidad del material realizando investigaciones en conjunto con universidades para garantizar la efectividad de los tapones naturales mediante mejoras importantes a los procesos de producción, que han ayudado a evitar contaminaciones indeseables. Como ejemplo, basta mencionar que durante el Concurso Mundial de Bruselas del 2010, (uno de los campeonatos internacionales de vino más importantes) sólo el 1% de las muestras probadas resultaron contaminadas con TCA.

Aún así, los materiales alternativos han ganado una parte importante del mercado, debido a las inteligentes estrategias de sus promotores y al beneficio económico que representa para las vinícolas el cerrar las botellas de vino de consumo inmediato con un tapón que resulte más económico.

A partir de los años 70’s se empezaron a hacer investigaciones para la utilización de la cápsulas metálicas de rosca en las botellas de vino. Nueva Zelanda es el país que más apoya esta práctica, creando incluso la Iniciativa Internacional de la tapa-rosca, una asociación sin fines de lucro que trata de incentivar y facilitar las tapas con rosca para las botellas de vino alrededor del mundo.


La mayor parte del vino proveniente de Australia y Nueva Zelanda ya ocupa este tipo de tapa; las razones principales para que haya funcionado tan bien, son: la tendencia a la aceptación de ideas nuevas y el hecho de que gran parte de los vinos producidos en estas regiones no se hace para la guarda, resultándole “ideal” la tapa rosca.


Aún pareciendo una forma ideal de cerrar las botellas, no lo es para todos los vinos, pues ya se ha hecho común (hasta en 1 de cada 50 botellas de vino neozelandés) que debido a la falta de oxígeno, se generen olores molestos de reducción que recuerdan al azufre, sulfuro, goma quemada y huevo podrido.


Otro sustituto del corcho que se ha convertido en su principal competidor, es el tapón sintético. Diseñado para verse y usarse de forma muy similar al tapón de material natural, es fabricado con distintos tipos de plásticos y resinas; tiene la ventaja de la uniformidad, asegurando que el vino de todas las botellas en las que se use, tendrá la misma calidad. Al no necesitar de la humedad del vino para mantener el sellado perfecto de la botella, el vino puede almacenarse tanto horizontal como verticalmente.


Se han detectado problemas con este tipo de tapón ya que en parte puede evitar que los vinos evolucionen y al paso de los años, llega a cambiar su forma, perdiéndose así el sellado perfecto de la botella. Es por esto que la mayoría de las vinícolas lo utilizan sólo para los vinos que están destinados a consumirse pronto. Por otro lado, las empresas siguen trabajando en el desarrollo del tapón “perfecto”, que logre imitar (y, de ser posible, mejorar) las virtudes del corcho, sin sus defectos.


Los fabricantes de este tipo de tapón alaban sus ventajas, tratando de venderlas (y lográndolo) tanto a productores de vino como a sus consumidores, pero lo que no pueden ocultar es que para degradarse necesita alrededor de 500 años y que la huella de CO2 que deja su manufactura es mucho mayor (lo mismo pasa con la tapa rosca) que la de su equivalente 100% natural.


No se trata de descalificar totalmente a las nuevas formas de tapar el vino, pues es innegable que en algunos casos tienen ventaja sobre el corcho. Finalmente, es decisión de las casas productoras el usar uno u otro método y de cada quien como consumidor el elegir qué tipo de vino tomar, pero la pregunta queda abierta: si es posible ayudar al medio ambiente mediante el uso un material que nos ofrece en forma tan abundante, ¿por qué no hacerlo?


Referencia internet:

http://www.acenologia.com

http://www.amorim.com

http://www.100percentcork.org

http://www.enologo.com/tecnicos/eno33/eno33.html

http://www.wwf.es/que_hacemos/bosques/nuestras_soluciones/corcho_fsc_si/vino_ecologico_y_corcho_fsc/

http://www.ilovenaturalcork.co.uk

http://es.nomacorc.com

http://www.screwcapinitiative.com/member_map.asp?navID=45&pageID=45

http://www.veoverde.com/2010/01/propiedades-del-corcho-quercus-suber/

http://www.enologo.com/tecnicos/eno33/eno33.html

http://www.ardeaseal.com/











Lic. María del Carmen Gutiérrez Zamora
Gerente de Servicio del Restaurante de Alta Escuela Monte Cervino

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